HAMLET GO!

Por Orland Verdú

PROPUESTA DRAMATÚRGICA

Hamlet go! es la última versión experimental del clásico de W. Shakespeare que Jessica Walker ha dirigido en el Laboratorio Escuela de Expresión Corporal Dramática, escuela de teatro que cumple trece años de trayectoria y de la que han nacido numerosas versiones experimentales de este clásico. En esta nueva adaptación de autor, la directora Jessica Walker propone una reflexión sobre el papel del padre y la función masculina. El ansia de amor paterno, la aprobación infructuosa de nuestro valor en el seno familiar y social, y la persecución de un amor que se basa en demostrar la propia valía desde la violencia y la competición. ¿Se puede amar a golpes? ¿Puede uno derrotar a quien ama y redimirse de su falta de amor? O, en términos freudianos: ¿se puede “matar” al padre? ¿Cómo amar desde la exigencia del amor competitivo que nos inculcan desde niños?

Con un nuevo elenco de actores, la última generación del 2º curso del Laboratorio Escuela, Jessica Walker reinstaura un clásico bajo el prisma del boxeo y un lenguaje que incurre en el gusto por el kitch, tanto en vestuario, música como propuesta dramatúrgica. Fiel a su método deconstructivo de la obra clásica, la directora ha creado una nueva versión que rompe el texto sin contemplaciones y crea una obra teatral nueva. El objetivo es provocar en el espectador la emoción y la reflexión contemporáneas, sin maniqueísmos clásicos. El texto es un pretexto para ser tocados y conmovidos en las profundidades anímicas. La reelaboración del texto en un espectáculo nuevo e inesperado es una de las grandes cualidades de la obra.

Hay mucho humor negro en Hamlet Go! Un gusto grotesco por lo cómico en un contexto turbador y trágico. Los actores aparecen formando un gran coro en el muro del castillo de Elsinore en Dinamarca, como en la tragedia griega, y son numerosas las escenas grupales, como firma personal de la directora en sus propuestas. Vestidos de gala con guantes de boxeo, gafas de sol, maquillaje abundante, gomina y acompañados del humo incesante del cigarrillo, los personajes parecen fantasmas. ¿Viejos luchadores de una película de Andy Warhol caídos a menos? La tragedia alcanza momentos de enorme intimidad y lírica entre round y round mientras la muerte fuma en el centro del coro, imperturbable hasta que suene la campana y haya de bailar como una animadora de ring hasta el clímax final.

Jessica Walker y su troupe de actores-laboratorio se han embarcado en una adaptación de Hamlet arriesgada e inteligente que huye del teatro trivial y conservador sin por ello caer en la idiotez posmoderna y en la pose teatral contemporánea. Su propuesta busca volver a lo esencial de la tragedia y conmovernos para provocar en el espectador una reflexión válida y personal sobre la figura del padre y la búsqueda del amor no correspondido a través de la lucha, en un combate del que, por cierto, ya somos perdedores desde el día que nacimos y del que, de una forma o de otra, debemos responsabilizarnos.

SINOPSIS POÉTICA

El rey muerto clama venganza desde el otro lado… La muerte del padre exige probar el amor del hijo hacia su progenitor y restituir el orden (un orden que como todo orden se autolegitima y destruye a sus enemigos). Todos, pues, son enemigos en Hamlet go!, retrato de una familia destruida donde todos son/somos rivales. En medio de la “foto familiar”, el confuso y autodestructivo Hamlet que, en su impotencia, lanza puñetazos a las paredes y destruye todo a su paso, incluso el amor incondicional de Ofelia. ¿Cómo amar en este ring familiar donde los juegos de poder son la raíz de la tragedia? El amor negado y suplido por el poder: el ansia de ganar. Los perdedores son ignorados, como en toda familia, o como en nuestra sociedad capitalista, especializada en vender la idea del vencedor. Hamlet go!  muestra el combate estúpido que llevamos dentro: la sed de ser amados y la rabia de haber de usar los puños para que nuestra demanda sea atendida por “papá”.

Hambre de padre. Amor y rabia. No se puede matar al padre porque ya está muerto. Incluso vengándolo, la sed de amor de Hamlet, de reconocimiento, sigue intacta. El poder es sólo un analgésico para la falta de amor y la lucha externa, un buen antídoto para alejar las dudas sobre nuestra tragedia interna. Mientras luchamos no hay lugar para el amor pero tampoco para el dolor verdadero. Son golpes que nos hunden en el olvido de nosotros mismos hasta que la muerte llama a la puerta y volvamos con “papá”. Con el rey Hamlet al otro lado. La muerte siempre gana el combate. Pero, ¿es la vida un combate?

About colectivolaboratorio

Actor-Creador del LaboratorioEscuela de Expresión Corporal Dramática.
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